LOS CRITERIOS ABSOLUTISTAS EN LA PROPIEDAD HORIZONTAL AFECTAN LA CONVIVENCIA

Generalmente los artículos de nuestro blog tienen como propósito explicar, comentar, resolver interrogantes sobre el complejo sistema jurídico de la propiedad horizontal, sin embargo, el post de esta semana tiene como propósito buscar la reflexión de nuestros lectores en torno a la necesidad de construir un verdadero tejido social en pro de la convivencia pacífica en la propiedad horizontal.

No es extraño ver en asambleas, consejos, pasillos discusiones en torno a que es ilegal que no, que es correcto o no, discusiones que terminan en ocasiones acalorándose y llevando a lesiones personales, insultos, acciones legales, y finalmente la ruptura de la convivencia, entorpeciendo el crecimiento y la construcción de la sana convivencia dentro del micro mundo de la propiedad horizontal.

La intolerancia de los tiempos actuales se agrava cuando se traslada a las redes sociales, el cumulo de información que ronda a través de la red, generan mitos urbanos que termina reforzando posturas inapropiadas que se convierten en verdades absolutas que en ocasiones llevan a lesionar sin razón los derechos fundamentales de nuestros vecinos.

Comparto con nuestros lectores, un ejercicio que se llevo acabo en un grupo de personas interesadas en la propiedad horizontal, que ante una inocente pregunta fue viable ver el nivel de intolerancia que tenemos del otro, escenario que fácilmente puede reproducirse en la vida real de la propiedad horizontal.

Una copropietaria no asiste a la asamblea, y en el debido proceso adjunta una certificación que estaba en otra asamblea, y aduce que eso es una justificación válida para no haber asistido a la de la copropiedad, pero la sra, tampoco otorgó poder ni representación, para la asamblea a la cual no asistió, ahora dice que no le pueden imponer sanciones, pero el consejo dice que, si le impondrá la sanción porque no fue una grave calamidad, ni una fuerza mayor o caso fortuito. ¿La inquietud es quien tiene la razón, o cual sería el procedimiento.

Esta pregunta origino las siguientes respuestas:

  • Una asamblea no se cita la víspera. Al estar citada la Sra. a dos el mismo día y en diferente parte , debió otorgar poder en la que no asistía. No es disculpa. Yo le impondría su sanción. 
  • El tema es que la voz de la asamblea es el ente mayor. La señora puede sentarse a llorar porque la multa SI le corresponde. 
  • Las multas si son automáticas y se deben cobrar, el propietario lo que debe hacer es remitir la excusa del por qué no asistió y el consejo junto con la administración evalúan si es procedente el cobro o no. Así de sencillo. 
  • Leer bien la consulta por favor. No pontifiquemos sin entender.
  • Si ella sabía que no iba asistir por q tenía otro compromiso debió avisarle con anticipación cosa q no hizo es decir no tuvo el interés mínimo en la Asamblea 
  • Dura es la Ley, pero es la Ley, tienen luz verde para multarle si no está dentro de las causales de caso fortuito o fuerza mayor.

 Expresiones como puede llorar, dura es la ley pero es la ley, no tuvo el interés mínimo en la asamblea, no pontifiquemos sin entender, entre otras, evidencian un lenguaje violento.

 Son sin duda expresiones que pueden en una asamblea, una carta, un consejo alterar de forma evidente la convivencia. ¿Cuál seria su respuesta si al hacer una solicitud ante el consejo o comité uno de sus miembros le contesta puede llorar? Que esta pasando con nuestros niveles de tolerancia.

Este ejercicio simple pero poderoso a través de una red social, me obliga como directora de la Corporación P.H. a realizar una breve reflexión:

La convivencia en la propiedad horizontal se daña y se contamina, por la actitud de algunos copropietarios que se creen jueces de la república califican que es ilegal que no, que es excusable que no, hablan de caso fortuito, consideran que las personas se ven avocadas a dar un poder, sopesan en su imaginario que fue o no importante para el otro, sin tener la competencia y en ocasiones sin tener el conocimiento, es ese juez implacable que llevamos adentro lo que nos empodera para creernos con la suficiente autoridad para sancionar al otro, para imponer nuestra voluntad en ocasiones violentando los derechos constitucionales de mi vecino.

Y quisiera dejar los siguientes cuestionamientos sobre nuestra actitud para con mi vecino:

  • ¿Realmente tenemos la competencia de indicar dentro de un consejo o asamblea para determinar la legalidad o ilegalidad de una actuación?
  • ¿Qué de benéfico en el fondo del asunto genera a la copropiedad sancionar a otro que explica sus motivos?
  • ¿Cuál es la necesidad de actuar como un ente coercitivo con mi vecino?
  • ¿son las multas la forma en la cual se construye una sana convivencia dentro de la propiedad horizontal?

Finalmente, me gustaría hacer un llamado a la construcción de una cultura empática dentro de la propiedad horizontal, entendiendo como empatía la intención de comprender los sentimientos y emociones del otro como dirían nuestros abuelos antes de emitir un juicio póngase en los zapatos del otro, le garantizo sin duda que su copropiedad tendría menos conflictos.

DIANA CAROLINA RUIZ MUÑOZ.

 

 

Anuncios